15 de marzo de 2010

xii, carta abierta a mi mejor amigo: mi hermano.

(para que algún día lo veas)

A veces me pregunto si te das cuenta de cuánto me afectan tus palabras, de cuanto me duelen. Desde hace mucho (bueno, no tanto) que dejo de importarme lo que la gente piense de mí, no me importa que me miren por la calle (al contrario!) y me da cierta satisfacción las veces que se ríen de mí en un colectivo. No me importa la impresión que cause, siempre que cause una; me escribo los brazos, me visto de pocos colores, tengo el pelo corto, miro fútbol, hablo mal, leo mucho, hablo en inglés… soy distinta. Pero con vos, cuando viene de vos (las miradas, las palabras, las risas…), es diferente – vos sos mi hermano.

No soy la típica hermana mayor y si es eso lo que te molesta, te pido perdón, pero no me disculpo ni me arrepiento de ser como soy, porque me costó mucho encontrarme y aceptarme – estoy esperando que vos lo hagas también. Quizás deba pedirte perdón por no haber tenido hermosas amigas en la secu para que conozcas alguna, disculparme por no haber sentado precedente para con nuestros padres en salir de noche (nunca fui a bailar de verdad, seamos honestos) y te deje a vos todo ese laburo, nunca te pedí que me cubras por una salida como hacen todas las hermanas, nunca te presente un novio (en mi defensa, nunca tuve algo tan serio), me llevo bien con tus amigos (tu culpa, me los presentaste)… hay tantas cosas en las que no fui, ni soy (spoiler alert: ni voy a ser) una hermana como todas las demás – pero por eso mismo fui la que te contaba historias sin sentido a la hora de dormir, la que te hacía un té de naranja, la que te ponía al cuidado de sus muñecas para irse a ver la tele, a la que le enseñaste los nombres de estadios europeos y la formación de todo equipo que te gustase y a la que le tomabas pruebas de esas cosas.

Yo no cambié en escancia (la pasión no se cambia) pero alteré muchas cosas, las cuales vos atacas y desvalorizas… quizás exagero (¡es genético!) y vos lo decis todo en broma ("¿no te podes dejar el pelo largo?" "¡mira, hoy pareces una nena!") pero a mí me duele. Puedo reírme y contestarte y pelarte, pero me mata lo que decís y a la vez no lo entiendo. No sé qué es lo que te molesta, lo que te avergüenza... yo no me olvidos, sabés, de una gilada que pasó hace mucho, cuando aún compartíamos escuelas. Yo estaba en 6to o 7mo y sobrellevando uno de mis interminables resfríos, cuando salíamos del Sanfe yo me quejaba de mis ataques de estornudos y contaba mortificada que me había dado uno en clase y que había sentido a mis compañeras reírse (las cosas que a uno le duelen a los 11/12…) y vos paraste de caminar, me miraste fijo y serio y me preguntaste "¿quiénes?" ofendido y dijiste que vos (con tus 6 o 7 años) me ibas a defender.

No lo dimensioné en ese momento, ni hasta mucho después cuando me pasé al Divina (cosa de la que no me arrepiento), cuando estaba sentada en la escalera un día leyendo y me dio mucha risa una cosa y dije "¡tengo que decirle a Gui! ahora cuando venga..." y ahí me di cuenta de que no ibas a venir, que no estabas en esa escuela conmigo y que yo estaba sola.

Desde hace mucho, desde que tengo 17 años la verdad, que me siento así de nuevo; como que estoy en la escalera del Divina Pastora y vos no estás ahí sino lejos y que tengo que esperar a que los dos salgamos y lleguemos a casa para volvernos a encontrar – (seguime el juego de la metáfora) solo que en algún momento de camino a casa yo me convertí en esto, en lo que se ve y lo que no, en algo que parece que no te gusta… y me da miedo, terror, que al llegar a casa vos no quieras verme.

Soy esto Gui, con el pelo corto y las remeras negras y la bandana en la pierna sobre los pantalones blancos y el gritarle a los jugadores de fútbol… soy todo eso, pero también soy tu hermana y cuando te acuerdes de eso por sobre todo lo demás quizás quieras que te haga un té de naranja y aunque no te cuente una historia estúpida, se que podemos encontrar algo de que hablar...

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