se sirve una taza de café, le agrega leche y dos de azúcar. agarra la lata de galletitas que está en el segundo estante de la alacena poniéndose de puntas de pie, toma del cajón una servilleta y la dobla en forma de triángulo. vuelva rápido a la cama para evitar que el frío se le meta por los tobillos y suba, suba, suba al resto de su cuerpo. regresa a su habitación, deja todo lo que agarro en su mesa de luz y se mete de nuevo en la cama, prende la televisión y la deja en un canal sin importancia siempre y cuando haya voces que la hagan sentir acompañada (te extraña, ¿se nota?). toma de nuevo el libro, sigue la misma línea donde lo dejo antes, la que encuentra sin dificultad, mientras que con una mano libre destapa la lata de galletitas y sin mirar agarra una y la pone es su boca.
hoy es su día de suerte, es una rellena y se deleita con ella unos segundos mientras el protagonista de su historia corre, corre, corre. bebe un trago de su café con leche cuando termina con la galletita y piensa que está muy caliente al mojar sus labios con su lengua después de haber tragado. saben al café torrado suave que compra en invierno porque así lo puede tomar solo o con crema o con leche sin problemas de sabor o de excesos – un día, se jura y perjura, va a tomar descafeinado y así quizás no tenga que estar haciendo esto que está haciendo a las tres de la madrugada.
16 de marzo de 2010
xiii, la madrugada de alguien más.
Etiquetas: alguien, historias del día a día
Publicado por a vampire. en 18:59
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